EL ESTADO DE LA NACIÓN: SELECCIÓN ESPAÑOLA 10 – DIPUTADOS 0

El 11 de julio, la selección española de fútbol hizo historia y los españoles – andaluces, asturianos, canarios, catalanes, ceutíes, extremeños, gallegos, madrileños, mallorquines, maños, melillenses, murcianos, navarros, riojanos, valencianos, vascos – todos juntos regocijaron y rindieron pleitesía a un verdadero equipo español. Al día siguiente, muchos se desplazaron a Madrid para presenciar un desfile de los victoriosos por la capital durante muchas horas hasta la madrugada. Los deportistas se lo merecían. Habían trabajado duro y ganado merecidamente la Copa del Mundo de la FIFA por primera vez para España. Sin embargo, lo realmente importante es la lección que nos habían dado con su constancia y determinación a salir del bache de una primera derrota hasta conquistar el codiciado trofeo. Por todo ello, se merecen un 10.

Sólo un par de días después, los políticos electos debían tomar parte en el debate del estado de la nación. Si por la selección hubiese sido, nada podría ir mejor. Sin embargo, en lo que resta de temas, nada podría ir peor.

El 14 de julio, con el discurso del Presidente de Gobierno como pistoletazo de salida, comenzó el debate que duraría hasta la mañana del día 15. El mensaje sobre el sacrificio exigible a todos los españoles se veía venir desde hace mucho, cuando aún un optimista Rodríguez Zapatero fue incapaz de aceptar la llegada de una crisis anunciada. No es esa petición lo censurable sino que eché en falta que comenzara reconociendo que hoy debía tomar estos pasos dolorosos por su falta de visión hace un par de años y su reticencia a admitir lo que ya estaba teniendo lugar. Cierto es que las medidas tomadas y que aún deberán tomarse son un acto de responsabilidad de un mandatario que al pertenecer a la Unión Europea se ve empujado a criterios contrarios a la ideología del partido que lidera. Sin embargo, en el discurso y posterior debate, el Presidente del Gobierno perdió una excelente ocasión para hacer una arenga más contundente que motivara a cada uno de los ciudadanos a aportar su granito de arena hacia las soluciones de esta crisis que no sólo es económica. En cambio, lanzó un discurso que sonó más a mitin político dirigido a sus simpatizantes.

En la otra bancada, un Mariano Rajoy cada vez menos potente en su retórica, volvió a narrar por enésima vez las mismas acusaciones sin dar claras indicaciones de su propio plan alternativo. Su estilo me resultó el de un jubilado que conversa con sus parroquianos en una partida de dominó mientras toman café en el casino del pueblo. Patético para un aspirante a asumir la presidencia del gobierno del Estado Español en estos tiempos de tantos vaivenes e incertidumbre.

¿Realmente piensan los políticos de los distintos partidos presentes en el Parlamento Español que la crisis económica es el único asunto que debe ocuparles al debatir el estado de la nación?

El diputado de CIU, Antoni Durán i Lleida, no pensaría lo mismo, por lo que dedicó casi la totalidad de su tiempo al asunto de la tan retrasada sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de Catalunya. Para eso es parlamentario en las Cortes Españolas en representación de ese territorio autonómico. Sin embargo, me pareció ver un trasfondo amenazante en ese discurso que podría tener que ver con las aproximaciones para lograr el Gobierno apoyos para la votación del próximo día 20. Por eso representa a un partido territorial de larga trayectoria. Lo malo es que comparte cartel con otro partido en cuyo seno radica la ambición enmascarada de un Artur Más dispuesto a llegar a la presidencia de la Generalitat de Catalunya cueste lo que cueste.

Tampoco hay que olvidar que el discurso del vasco, Josu Erkoreka, tuvo ese mismo velado tinte de aviso al gobierno de turno. A sabiendas que para no tener que sucumbir a las exigencias del PP y CIU de convocar elecciones anticipadas, será casi imprescindible que el gobierno de Rodríguez Zapatero vuelva a conseguir con su ‘geometría variable’ apoyos suficientes para aprobar el Presupuestos 2011 que deban acompañar las medidas de sacrificio solicitadas. O sea, el PNV venderá caro sus 6 votos en ese momento.

Hubo más porque tras la respuesta de Rajoy al discurso del Presidente de Gobierno, las bancadas mayormente de los conservadores quedaron vacías. El propio Rajoy puso la guinda al pastel de la descortesía parlamentaria al ausentarse la mañana siguiente cuando tomaron la palabra, primero los portavoces del Grupo Mixto y finalmente el portavoz del Grupo Socialista, José Antonio Alonso. Para un parlamentario experimentado como se supone que es Rajoy, tal actuación representa o bien un afronte prepotente a los demás grupos cuyos votos podría necesitar caso de tener el valor de dar el paso hacia un voto de censura o bien es una torpeza que denota su clara descalificación para ocupar el sillón de gobierno del Estado Español.

De allí que viendo anticipadamente la falta de fuerza del contrincante en su crítica con la constante petición de anticipar las elecciones generales, el Presidente de Gobierno se envalentonara retándole a presentar una moción de censura, cosechando sonoros aplausos de sus siempre fieles escuderos que parecen no saber hacer otra cosa sino darle el parabién a su líder haga lo que haga, incluso cuando se equivoca.

La alternativa que habría a José Luis Rodríguez Zapatero caso de convocarse unas inoportunas elecciones en este preciso momento no puede ser otro que Mariano Rajoy Brey. Así está establecido en el sistema casi bi-partidista español, producto de un pacto en su momento necesario pero que hoy no guarda relación con la realidad política de la España del siglo XXI. Lo que me inquieta de esa alternancia con estas dos figuras como las únicas opciones a presidir el Gobierno de España es que si bien es verdad que el actual inquilino de La Moncloa pudiera estar en sus momentos más bajos, y hasta quizá no sepa dirigir a un equipo de gobierno sometido a sus voluntades, la alternativa, Mariano Rajoy, es un hombre cuya propia actuación dentro y fuera de la política tiene muchas sombras algo siniestras que dicen poco a su favor.

En su vida profesional como registrador de la propiedad, Rajoy conserva su plaza tras más de 2 décadas de excedencia del puesto de Registrador de Santa Pola, Alicante. Para poder mantenerse en excedencia utilizó una ley de 1947 en la cual podía delegar en otro registrador las funciones de su plaza. De hecho, ejerce tales funciones en nombre de Rajoy el murciano Francisco Gaspar Riquelme, también titular del Registro de la Propiedad Nº 3 de Elche, Alicante. Mientras Rajoy conserva ese puesto de una manera bastante cuestionable desde el punto de vista ético, ningún aspirante podrá ni siquiera aspirar a serlo como interino, menos como titular.

Y atando cabos con los últimos escándalos que apuntan con dedo acusador al PP en varias comunidades y provincias, el último caso a salir a la luz afecta precisamente al Presidente de la Diputación de Alicante, Joaquín Ripoll, por un asunto investigado a fondo desde 2007 en relación con el vertedero de Orihuela. En este asunto, del mismo modo que en el caso Gürtel que tiene su vertiente valenciano y el caso Palma Arena, Mariano Rajoy no parece haber sabido ejercer con contundencia esa autoridad que un aspirante a presidir un gobierno de un estado, como el español, en serias dificultades por la crisis requiere.

Por todo ello, y pensando que el martes día 20, las votaciones de las respectivas resoluciones de los distintos grupos parlamentarios serán un mero ‘cubrir expediente’ del debate del estado de la nación que tocaba, no puedo más que ser muy duro en mi negativa valoración de nuestros diputados. Se merecen un mayúsculo cero.

Recomiendo que además de pulir sus técnicas de comunicación, se dediquen a estudiar la victoria de la selección española de fútbol. De la actitud del entrenador, Vicente Del Bosque, podrán aprender la humildad que muchos de ellos nunca han poseído o perdido con los años de poder. Del comportamiento sensato del capitán y portero, Iker Casillas, deben comprender que el equilibrio emocional es indispensable para hacer bien las funciones sin por ello convertir en un témpano de hielo. Y de los miembros del equipo – Iniesta, Puyol, Xavi, Piqué, Xabi Alonso, Torres, Pedro, Sergio Ramos, Capdevila, Llorente, Navas, Fábregas, Reina, hasta llegar a los 23 que estuvieron en Sudáfrica, oriundos de distintas tierras de España, los diputados deberían aprender ese sentido de equipo que ni tuvieron ni desean tener.

O cambian Sus Señorías o están destinados a pasar por sus escaños sin pena ni gloria.

Fernando Fuster-Fabra

Barcelona

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