G-20, SEÚL: ENCUENTRO DE LÍDERES CUESTIONADOS

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Anoche  comenzó en Seúl  una nueva serie de reuniones entre los países que se dice copan la economía desarrollada y emergente del mundo. En este quinto encuentro desde el estallido de la crisis financiera, los países del denominado G-20 con algunos países como invitados, entre ellos España, van a intentar ponerse de acuerdo.

¿Sobre qué deben ponerse de acuerdo?

En las anteriores sesiones, ya acordaron medidas, casi ninguna de las cuales se ha llegado a plasmar en su integridad. Entre esos acuerdos, se pretendía ‘refundar el capitalismo’ o ‘mantener a raya los desmanes de la banca’, entre muchas otras similares declaraciones de buenas intenciones que han quedado en nada.

Escribía el 23 de junio que la G-20 de Toronto  http://wp.me/pRlnf-1a era la última oportunidad para que los líderes vieran la crisis desde otro ángulo, y me ratifico en mi afirmación. En los casi 6 meses que han transcurrido desde entonces, los líderes han sufrido un desgaste que les hace mucho menos creíbles que cuando comenzaron ese intento de una veintena para ser el nuevo foro impulsor de la economía mundial.

El Presidente norteamericano, Barack Obama, dejó hace mucho de ser el flamante galardonado del Nobel de la Paz para sufrir su primer serio revés electoral en las pasadas elecciones de mitad de mandato.

El Presidente galo, Nicholas Sarkozy, pasa por su momento de menos popularidad después de sobrevivir una oleada de huelgas contra su política de reforma de la edad de jubilación, justo cuando debe asumir la presidencia de turno del G-20. Éste es precisamente el que tan pomposamente anunciaba ante la Cumbre de Washington, D.C. en diciembre 2008 la ‘refundación del capitalismo’.

La canciller alemana, Ángela Merkel, aparente triunfadora en los ruedos europeos al imponer en parte su criterio para los recortes de déficit y medidas de regulación de los miembros de la UE, tampoco es creíble por los varapalos electorales recientes y el cuestionamiento del cambio en sus políticas sobre recorte de impuestos y cierre de las centrales nucleares.

El novato primer ministro británico, David Cameron, tras algún tropiezo protocolario en China camino al encuentro de Seúl, ha padecido su primera revuelta estudiantil in absentia en una actuación de los más jóvenes no protagonizada desde los tiempos de su venerada mentora, Margaret Thatcher.

Ni que decir del primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, que no sólo está sometido a una reprimenda ética por sus devaneos sexuales sino que además ha sido prácticamente abandonado por su hasta ahora apoyo parlamentario, el ultra-conservador Gianfranco Fini.

El presidente ruso, Dimitri Medvédev, aún tiene la sombra de su mentor y actual primer ministro, Vladimir Putin, persiguiéndole a cada paso que da, sin saber exactamente quien será finalmente el nuevo zar de la Rusia en este milenio.

Naoto Kan, el actual primer ministro del Japón apenas aterrizó en la anterior reunión del G-20, sin haber destacado por aportación digna de mención hacia la búsqueda de una solución a la crisis internacional. Bastante tiene con mantenerse en el poder y no caer como su predecesor a los 8 meses en el cargo.

El anterior anfitrión, el primer ministro canadiense, Stephen Harper, no logró un comunicado final contundente en la cumbre G-20 de junio, y de allí que el distanciamiento ha ido abriendo una brecha en varios frentes hasta desatar en lo que se ha venido a llamar ‘la guerra de las divisas’. La amenaza de un G-2 que mencionaba en junio ahora es una guerra monetaria a dos entre los EE. UU. y China que devuelve al mundo al precipicio de otra más profunda crisis.

Arriba figuran los líderes del G-7, que con Rusia pasó a ser G-8. Además, en la G-8, se dio representación formal a una representación de la Unión Europea que también participa en la ampliada G-20. Ellos dirigían, hasta el momento de reconocimiento del G-20 como posible foro sustitutorio, los designios de la economía mundial.

El G-20 ha dado mayor relevancia a las potencias emergentes, de las cuales habrá que destacar a China, India y Brasil. De hecho, varios bloqueos de éstos contra las posturas de los socios veteranos del G-7 han obligado a replantearse acuerdos a partir de los últimos encuentros de este nuevo foro económico. Es más, su influencia se ha hecho notar en otros foros, algunos de bastante relieve como son la Ronda Doha para el nuevo tratado comercial y las cumbres sobre el cambio climático y medioambiente, la última en Copenhague que continuará en Cancún dentro de unos días.

El problema mundial no se puede restringir a los asuntos económicos y la política de déficits presupuestarios sino que debe verse desde ese otro ángulo de la interacción globalizada del comercio mundial hacia un reparto equitativo de la riqueza en el marco de un desarrollo sostenible que no acabe con nuestro planeta ni con las libertades y el bienestar social de sus habitantes.

Y esa falta de voluntad a moverse de sus poltronas para ver el problema desde otro ángulo, les tiene a estos líderes cuestionados en jaque, sin capacidad de reacción, menos de acción acertada.

Fernando Fuster-Fabra Fdz.

Estudioso del Comportamiento Humano

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