23-F 30 AÑOS DESPUÉS

LAS HORAS DE INCERTIDUMBRE SE VIVIERON SEGÚN DONDE ESTUVIERA CADA PERSONA ………….

Mi propia experiencia lo más próximo a la sede militar del cerebro del golpe, Jaime Milans del Bosch y Ussía, entonces teniente general y máxima autoridad militar de la III Región Militar (Valencia) ….


Tanques en la Capitanía General de Valencia - 23 febrero 1981

El año 1981 no se presentaba fácil al verse tambalear el gobierno encabezado por Adolfo Suarez. La economía española pasaba por malos momentos y las exigencias desde Bruselas para la entrada a la CEE iban a requerir muchos sacrificios.

Residiendo entonces en Sagunto y ejerciendo profesionalmente en la empresa siderúrgica, Altos Hornos del Mediterráneo, comprobaba a diario las tensiones aún por llegar de la cada vez más cercana reconversión siderúrgico-naval que España debía efectuar para poder entrar en el selecto club europeo.

Es curioso que estando apartado de la capital donde radicaba el poder de gobierno y también el poder militar de aquella época, Valencia ejercía como un imán hacia la concentración de corrientes opuestas – por un lado un elenco de militares ultra-conservadores encabezado por el entonces capitán general, Jaime Milans del Bosch, y por el otro, una creciente fuerza sindical alrededor de las intensa actividad industrial que se había asentado en la región en los últimos años del franquismo.

Mucho antes que entrara en el hemiciclo, pistola en mano, el golpista Tejero, Valencia comenzó a sentir un movimiento cada vez más acentuado de tropas radicadas en Bétera correspondientes al cuartel del Ejército de tierra de ‘alta disponibilidad. Aunque los transeúntes de la ciudad del Turia no vieron nada extraño en la presencia de tanques frente a la sede de la Capitanía General aquella mañana, los que ejercíamos funciones profesionales en los preparativos  de la reconversión siderúrgica fuimos alertados de ciertos movimientos sospechosos que pudieran poner en peligro a los líderes sindicales que negociaban con la empresa y un portavoz del Ministerio de Industria en unos salones del Hotel Monte Picayo. Además, se comenzaron a escuchar en la lejanía y alrededor del mediodía las inconfundibles pisadas de tanques que se movían lentamente desde su acuartelamiento en Bétera.

Un par de horas antes del asalto al Congreso, algunos de esos tanques y soldados vestidos con equipo de combate habían tomado posiciones estratégicas en Valencia para impedir el acceso a la Base Aérea de Manises y el Puerto de Valencia. Aún así nadie vio tales movimientos como extraños y lo tomaron como unas maniobras militares de rutina.

En mi caso, además de la información facilitada por mis funciones entonces, recibí la advertencia de un familiar militar que me informó que se encontraban situados en la base aérea, habiendo ordenado el coronel de la base el repliegue de los aviones Mirage a la base de Los Llanos (Albacete), para evitar que cayeran en manos de unos militares que parecían haberse declarado en rebeldía. Poco después, el teléfono desde cual me había hablado este familiar quedó desconectado. Los golpistas habían cortado las líneas telefónicas a la base aérea.

En Sagunto, donde residía, había tenido que impartir mis clases en la Escuela de Aprendices, como si fuera un día normal. Sin embargo, mi mente no estaba en mis tareas. Tenía a mi hijo mayor en la escuela a la cual acudía a unos 10 kms. de donde residíamos pero tenía instrucciones de no causar alarma, por lo que ni pude comentar a mi mujer lo que ya sabía que podía suceder.

En el instante que Tejero asaltó la sede parlamentaria de la Carrera de San Jerónimo, los trabajadores de AHM, y sobre todo los líderes sindicales, comprendieron que Sagunto podría ser un punto estratégico para los golpistas. Entre gran confusión, los sindicatos intentaron destruir archivos con registro de afiliados así como documentación relacionada con la negociación secreta del posible cierre de instalaciones siderúrgicas y navales en toda España. Valencia tenía tanto una siderúrgica (entonces pretendida ser la más moderna de Europa) y unos astilleros (La Naval de Levante), además, con las instalaciones de la Ford en Almussafes.

Las horas vividas fueron de tensión. Se deseaba tener más información sobre la suerte que corría el Jefe del Estado, a sabiendas que el gobierno en pleno estaba secuestrado. Mi relación con algunos ministerios por mis funciones me permitió saber que se había constituido un gobierno en funciones entre los secretarios de estado, cosa que me tranquilizó. Más aún, el hecho de que Su Majestad apareciera en televisión para tomar las riendas, me vino a confirmar que la intervención del General Armada no había sido con su beneplácito.

Hoy, aún tengo ciertas dudas en mi mente sobre todo el asunto. Lo que sí estoy seguro es que esas horas de incertidumbre han servido de mucho para consolidar la democracia en España.

Aprendiendo la lección, nuestros políticos de hoy en día deben comprender que en momentos de graves crisis, surgen oportunidades de los propios problemas y de las amenazas.

¿Seremos suficientemente hábiles para aprender de las vivencias?

Fernando Fuster-Fabra Fdz.

Ciudadano

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: