ESPAÑA: CERRADO POR REFORMAS & ELECCIONES

DESPUÉS DE DESPERDICIAR 2009 Y 2010 RIZANDO EL RIZO, SEA POR PRESIONES EXTERNAS O POR LA TRISTE REALIDAD INTERNA, ESPAÑA, FINALMENTE, HA TOMADO EL RUMBO DE LAS REFORMAS …

¿Hemos emprendido el camino adecuado hacia la deseada recuperación del empleo o meramente estamos intentando dejar atrás una tormenta económica según los cánones que convienen a los mercados financieros? ….

Cuando en 2008, previo a las elecciones, se quiso quitar hierro a las complicaciones que ya brotaron al otro lado del Atlántico, el Gobierno de España pudo haber estado jugando al escondite para efectos electorales pero no puede hoy negar que su entonces Ministro de Economía, Pedro Solbes, puso al gabinete de sobre aviso que iba a haber marejada en breve.

Los problemas internacionales aparte, España viene padeciendo un endémico mal en la ejecución de su estrategia económica soportada sobre los pilares del consumo y la edificación inmobiliaria. Así fue creciendo espectacularmente bajo el régimen franquista al amparo del turismo en los años ’60 – ’70, y siguió la estela de la construcción de viviendas y el consumo incluso en los críticos años económicos de la Transición. No es de extrañar que nada más comenzar una andadura europeísta ya bajo un gobierno socialista, el rumbo previamente establecido no se corrigiera sino más bien se alentara.

El error de concepto al interpretar “igualdad” mayormente desde el ángulo monetario, contribuyó a la búsqueda de riqueza individual y status social por encima de la consolidación de derechos en el sentido más solvente y amplio de la verdadera “justicia social equitativa de la sociedad”. Con la llegada de un gobierno supuestamente de centro-derecha en 1996, las prioridades vuelven a cargar el énfasis en lo económico. El crecimiento del PIB español se centró aun más en la construcción y el consumo, alentado por aquella frase decadente aznarista – ‘España va bien’ – que lanzó a la ciudadanía hacia el uso del dinero de plástico, la compra del chalet o la segunda vivienda en la playa y el gasto en lujos nada mesurados a sus ingresos reales.

Después de un doloroso susto que dejó 192 muertos un 11 de marzo de 2004, España sorpresivamente recuperó la figura social-demócrata para el gobierno del Estado. El primer mandato de Rodríguez Zapatero navegó por aguas turbulentas y el buen talante pareció lo más aconsejable para conseguir lo que se denominó la ‘geometría variable’ en sendos pactos políticos para sacar el país adelante. Lo que siguió siendo idéntico fue el soporte de la economía basada en los tradicionales pilares del consumo y la construcción.

No es de extrañar pues que llegado el momento de una seria crisis económica internacional, España dejara de crear empleo al ritmo sorprendente que lo hacía comparado con sus socios europeos más industrializados dígase Alemania o Francia. La situación no tenía otro camino que el empeoramiento en cuanto al empleo se refiere, al haber provocado el boom inmobiliario una desmesurada demanda de mano de obra no cualificada que después dejaba a numerosos desempleados con escaso bagaje para ocupar otros trabajos más exigentes. Lo mismo sucedía en la ávida contratación de personal no especializado con bajos sueldos en empleos precarios en el sector servicios, puestos que desaparecían con los primeros brotes de crisis en el consumo.

Las propuestas de reformas del Gobierno de España han recibido duras críticas durante los últimos meses pero finalmente se han aprobado medidas con el apoyo, no sé si de buena gana, de los sindicatos, y aparente euforia contenida de los empresarios de mayor peso. Es evidente que si hubiese que asignar un rótulo ideológico a las medidas aprobadas, poco tienen que ver con la del aspirante Rodríguez Zapatero previo a su victoria en 2004.

He escrito en numerosas ocasiones, y muy especialmente en la  carta abierta al Sr. Presidente del Gobierno (ver http://carta-al-presidente-zapatero.blogspot.com/ ) el 9 de enero de 2011, que las soluciones que habrá que emplear para la resolución de la crisis trascienden las delimitaciones ideológicas. Por lo tanto, no es por su contenido ideológico que me hace considerar dichas reformas como inadecuadas sino por sendos errores de planteamiento que paso a exponer a continuación.

Primero:    El plan global europeo de recortes del gasto público en el marco del Plan de Estabilidad & Crecimiento (zona Euro) de la UE, aplicado con rigidez en España, se implanta con un error de criterio. Dicho plan no sólo habla de recorte del gasto público para buscar la estabilidad de cada estado miembro en el marco de la UE sino que concede la misma importancia al crecimiento de la economía de cada estado en ese mismo marco global europeo. Por lo tanto, no es suficiente reducir el gasto público si con esas medidas se perjudica el crecimiento de la economía del estado miembro que haya efectuado tales recortes para cumplir con las exigencias del PEC.

En España, los recortes propuestos por el Gobierno reducen los gastos a corto plazo pero no garantizan el crecimiento ni a corto ni a medio ni a largo plazo. Por lo tanto, visto el PEC tal como se concibió en el Tratado de Maastricht, España estaría cumpliendo el capítulo de mantener el déficit por debajo del 3% pero no mantendría ipso facto los otros criterios exigibles como son la inflación +/- 1,5% (media de las 3 menores) o el techo del gasto (60% del PIB). Mucho menos se cumpliría el crecimiento esperado de España que hasta 2007 crecía a un ritmo del 3,8%, o sea 1,1% por encima de la media de la Eurozona.

Ante la imposibilidad de crecimiento desde el sector privado mientras no se transforme la estructura generadora de empleo desde los sectores de la construcción y de los servicios hacia los sectores de innovación y la exportación (un proceso que necesita por lo menos un lustro para llevarse a cabo), los recortes del gasto público van a impedir la creación de puestos de trabajo desde las administraciones públicas y la contratación de empresas privadas por dichas administraciones. Por lo tanto, no se creará empleo ni temporal ni fijo desde ninguna de los entes públicos y/o semi-públicos durante los próximos años ni se apostará por el crecimiento.

Segundo: El trazado estratégico no es el idóneo, al fomentar la desmotivación del trabajador eficiente mientras se alienta al despido menos costoso del trabajador, irrespectivo de si rinde eficazmente en su puesto o no. Los empresarios no despedirán a aquél empleado con mayor antigüedad aunque sea incompetente porque significaría un mayor coste de despido. Los candidatos al despido en caso de crisis serían los trabajadores mejor cualificados y hasta eficientes que tengan menor antigüedad en la empresa o hayan sido contratados con contratos temporales o plazos definidos (hasta fin de obra). Por lo tanto, afectará a personas menores de 35 años en 2 de cada 3 casos.

De esta manera, las empresas perderán al talento que pueda sacarles de la crisis y seguirán inmersas en una gestión incompetente por mandos que no son despedidos por consideraciones más relacionadas con costes económicos de despido que por la valoración de su eficacia, rendimiento o potencial de talento.

Tercero:      Tanto en España como en el resto de la UE, hay un error en la línea temporal trazada para el cumplimiento del PEC tras las inevitables modificaciones requeridas en los planteamientos concertados en el marco de la Eurozona y la UE para dar cumplimiento al PEC dentro del Tratado de Lisboa actualmente en vigor. No se pueden exigir los plazos fijados hace más de dos décadas a los estados miembros para la realidad europea e internacional después de la crisis financiera que se produjo hace menos de un lustro, y que ha llevado a drásticos cambios geo-políticos que afectan el precio de los combustibles y la alimentación de manera imprevisible.

Si algún economista es capaz de predecir con certeza lo que significará para las economías estatales dentro de 18 meses los movimientos políticos que aun azotan el norte de África, no sólo se merecería el Nobel de Economía sino un mayor premio por salvarnos a todos de tanta incertidumbre. Sin embargo, en el último lustro, la actuación del colectivo de economistas no ha sido precisamente de aciertos sino de desatinos, llevando al ciudadano de a pie y hasta a los estados que han asesorado a cometer graves errores en sus inversiones, gastos o políticas públicas.

¿Quién es el valiente que vaya a poner el cascabel al gato de la crisis mundial?



En España, no creo que lo haya hecho el gobierno de turno pero auguro que tampoco será el mayor partido de la oposición con su titubeante líder de las múltiples caras el que lo logre.

España ya está cerrada – en parte por las reformas y por otra parte por las próximas elecciones municipales y autonómicas. Mientras tanto, la crisis sigue reinando galopante y el paro elevándose. Los ciudadanos independientes seguimos siendo las mayores víctimas de todo este desatino de los respectivos partidismos interesados e intereses creados.

Fernando Fuster-Fabra Fdz.

Ciudadano Jubilado

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